ese instante eterno, mi cuello, su boca, mi oreja
a mili
la sabiduría y experiencia pierden preponderancia
la firmeza calculadora se derrite
se cae hacia una inclinación sinvergüenza
susurrando
escucharla tan dentro mío
en un choque inigualable
su saliva
mis límites
la firmeza de la muerte
de los lados de sus labios...
arrebata con su saña ladrona
y su aliento corajudo devora
sopla tormenta y aguas ardientes
donde los unicornios fálicos se chapucean
y se dan una incansable gloria fértil
llegándome como un mareo de suburbio
hasta el nervio del pecado perfecto
rabioso y concreto
son sus fibras y sus besos
solo tenerlos
en ese instante eterno
pecho contra pecho
al rojo abrazadero
y el crujido de nuestros dientes
el témpano contra la coraza
la flecha en la carne
el sol sobre la luna
y el placer eclipsar
el que toda mi carne
canta como nunca
como siempre
desde que esta a su lado
su lado mas sublime
mario l samizdat
abril del 2000.-


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