un día en la noche
a bárbara
es maravillosa la rutina de mirar a sus ojos
quizás encienda salvajismo,
vida y muerte,
caos y verano.
un puente al cielo
a querer tenerlo todo,
sabores y colores.
por eso me mantengo despierto
mientras la envuelvo en besos.
y en cada saliente suya
quedo abrazado,
sujeto a desbarricar hacia un abismo.
pero me digo son sólo sus ojos,
y ese es mi temor diablo.
desde ellos podemos apreciarnos
y sólo en un comienzo
distinguirnos ángeles seductores;
y en nuestros labios delirantes
no titubear en castigarnos
a nuestro modo enfermo.
un llamado a la cordura sería innecesario,
verla y sentirme tierra alta, un mirador,
explorando el vértigo de un gigante,
y lanzarme provocativamente en aquella boca,
que siempre me puede,
... siempre.
mario l. samizdat
abril del 2001


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